Sharapova vive en un barrio de Medellín

Escrito por tenisla el . Posteado en Artículos

En el año 2007 cuando aún estaba en la universidad me vinculé al periódico estudiantil de mi facultad, uno de los artículos que escribí entonces contaba la historia de un profesor de tenis que da clases en un exclusivo club de la ciudad donde resido (Medellín, Colombia) y que además había creado una fundación con la que se desplazaba a barrios populares de la ciudad, muchos de los cuales habían sido víctima de la violencia durante muchos años, para impartir clases de tenis.

Quiero compartir este artículo con ustedes, aunque fue escrito en 2007, porque creo que vale la pena recordar que el tenis puede ser una herramienta para llevar alegria a muchos niños y jóvenes que aman este deporte.

Sharapova vive en un barrio de Medellín


“¡Con fuerza Sharapova!”, se escucha la voz de Omar Tobón Aristizábal, mientras en las canchas del Club Campestre una niña de cabello rubio se acerca a la red para pegar un golpe de revés. Esta Sharapova no es rusa, ni conquistó Wimbledon. Su nombre en realidad es Jessica, vive en Santo Domingo Savio y hasta hoy no ha ganado ningún torneo, aunque espera hacerlo algún día.

Tras ella, otros once niños esperan su turno: Yuriza, Sebastián, Camila, Valentina, Lorena, Manuela, Deisy, Ana María, Leidy y Marisol. Todos viven en Santo Domingo o en La Visitación. Pero los miércoles y viernes a las nueve de la mañana, se encuentran con Omar en el Club Campestre para jugar tenis.

Treinta años viviendo tenis

- Buenos días. ¿Cómo están?
- Bien ¿y usted?
- ¡Con energía!

Así comienza la clase Omar Tobón, quien tiene unas cejas grandes y pobladas que endurecen su rostro y lo hacen parecer enojado cuando no lo está. Él creó la Fundación Amigos del Tenis de Campo y del Deporte hace cinco años y por intermedio de ella enseña de forma gratuita tenis a niños y niñas de estrato 1 y 2.

El tenis, por tradición, es asociado con élite. Su historia así lo evidencia. En la Edad Media, por ejemplo, se prohibió bajo pena de muerte su práctica a quienes no pertenecieran a la nobleza.

Sin embargo, para Omar Tobón tiene un significado muy diferente: “Para mi el tenis es una forma de superación”, afirma. En el año 1976, con ocho años llegó a Medellín y desde entonces este deporte se volvió parte de su vida.

Empezó a trabajar en el Club Campestre como recoge bolas, de esa forma se ganaba el sustento diario y ayudaba a sostener a su familia. Durante las largas horas que pasaba en las canchas viendo jugar a los socios del club no pudo evitar enamorarse del llamado deporte blanco. Aprendió a jugarlo, se volvió entrenador, salió adelante, y hoy quiere enseñarles a los niños de Santo Domingo y La Visitación que ellos también pueden hacerlo.

Sharapova y los otros niños que van al Club Campestre hacen parte del equipo de competencia. Ellos y los habitantes del sector reciben clases gratuitas en la placa polideportiva de Santo Domingo, los días lunes, miércoles y viernes, entre las nueve de la mañana y seis y media de la tarde bajo la instrucción de Manuel Martínez.

Sucede lo mismo en La Visitación de ocho de la mañana a siete de la noche los martes y jueves. Allí fue donde Lorena Gaviria de once años empezó a practicar tenis, “yo nunca había jugado, pero por mi casa casi todos lo hacían. Un día una primita me invitó y desde entonces me gusta mucho, sobretodo porque algún día puedo llegar a ser campeona”, afirma mientras espera su turno para hacer el ejercicio asignado por Omar.

La Fundación se sostiene económicamente gracias al apoyo que Omar ha recibido por parte de los socios del Club Campestre, quienes le hacen donaciones voluntarias, la Liga de Tenis de Antioquia, Indeportes y recientemente de empresas privadas.

Labor familiar

Omar no es el único Tobón apasionado por el tenis. Su hermano Miguel llegó a ser profesional y capitán del equipo de Copa Davis de Colombia. Sus hijas Alliday y Catherine Tobón no sólo son muy buenas tenistas, también le ayudan a su padre en la fundación.

“Cuando empecé con esto, en mi casa creían que tenía una amante o algo así. Pasaba mucho tiempo fuera de mi casa, el cual dedicaba a mi trabajo en el club y en Santo Domingo donde daba las clases”. Por eso, dice Omar, optó por llevar a toda su familia a ver lo que hacía.

Alliday que es sicóloga, trata a diario con las problemáticas sociales y las secuelas que aún son visibles en el sector de Santo Domingo, por eso dice: “recuperar los niños de la calle, ver que cada día crecen más en valores, que ven el deporte como una opción de vida es lo más satisfactorio de esta labor”.

“Yo sólo quiero devolver algo de lo que Dios, el club y el tenis nos dio” agrega Omar, “darle una posibilidad a esos niños de desarrollar su talento, porque el tenis no es un deporte sólo de clubes, el tenis se puede practicar en cualquier parte si se da la oportunidad”.

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